La pandemia de coronavirus ha cambiado al mundo. El distanciamiento social se ha hecho una norma general para enfrentar a la crisis, pero esta medida toma aún más fuerza en los hospitales, donde los enfermos deben ser aislados y tienen prohibición de recibir visitas. Para los y las hospitalizadas, recibir cartas de desconocidos es una iniciativa que comenzó en España. Las continuadoras chilenas del proyecto, cuentan cómo ha sido emprender esta tarea desde que la pandemia llegó al país. 

 

Han pasado tres meses desde que el gobierno de Chile decretara, el 7 de febrero de 2020, alerta sanitaria por la nueva cepa de coronavirus. El 11 de marzo, fecha en que ya existían más de 119 mil contagiados y 4 mil muertos a nivel mundial, la Organización Mundial de la Salud declaró al Covid-19 como pandemia.

El 16 de marzo, día en que se decretó la Fase 4 de coronavirus en Chile, el Hospital San Borja Arriarán suspendió el horario de visita general para todos los servicios de hospitalizados. Sólo permitió el ingreso de los tutores de los pacientes en horarios restringidos.

Es así como cientos de personas –ancianos, adultos, niños y madres– que ingresaron por diversos motivos en el centro médico y tuvieron que ser hospitalizados, salieron de sus casas sin saber que sería la última vez en que tendrían la posibilidad de ver físicamente a sus familiares.

Álvaro Pascual-Leone, neurólogo de la Universidad de Harvard, ha afirmado en entrevistas que la soledad es tan perjudicial para la salud como fumar 15 cigarros al día. Plantea además en su libro “El cerebro que cura”, que la vivencia de la soledad, es decir, sentirse solo o sola, puede ser una enfermedad mortal.

Esto se debe a que, según demostraron psicólogos de la Universidad de Chicago y de la Universidad Estatal de Ohio citados en una nota de la BBC, la soledad genera cambios en el sistema inmunológico a nivel celular, provocando una condición llamada inflamación crónica, lo que termina afectando la respuesta defensiva de las personas y haciéndolos más propensos a contraer enfermedades víricas, cardiacas y cáncer.

Muchos de los enfermos, sobre todo los de mayor edad, no manejan las tecnologías que nos permiten conectarnos, y sólo tienen un breve contacto con otra persona a través de los médicos, enfermeros y auxiliares que los atienden. Sin embargo, el escenario cambió desde que la iniciativa de tres hermanas –Laura, Lucía y Luisa Debesa– denominada como “Te escribo porque”, llegó al Hospital San Borja Arriarán.

Lucía Debesa es licenciada de Derecho de la Universidad de los Andes. Su hermana, Laura, es enfermera  de la Unidad de Paciente Crítico del Hospital San Borja hace seis años y ha sido testigo directo del aislamiento al que se enfrentan los pacientes.

“Una influencer española que sigo compartió una iniciativa de cartas en España que se llama “No te conozco, pero”, la que tiene el fin de acompañar a los enfermos. Entré en la cuenta del proyecto, me encantó y Laura la llevó al hospital”, comenta Lucía en una reunión por Zoom desde el living de su casa un sábado en la mañana, día en que se dedica al proyecto junto a otras voluntarias.

 

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La idea española fue creada por Cristina Marín Campos, cirujana del Hospital de la Princesa en Madrid, y empezó con un audio de WhatsApp de la doctora pidiendo ayuda en su grupo familiar, la que luego se compartió en las redes sociales y terminó obteniendo una gran acogida a nivel país, con más de 30 mil cartas recibidas a los pocos días de ser lanzada.

El 26 de marzo, y con permiso de la homónima española, nació la versión chilena “Te escribo porque”, cuyo propósito es que las personas contagiadas con el virus puedan recibir cartas anónimas que las acompañen en el aislamiento. Esta iniciativa, explicada en un video promocional protagonizado por Laura, busca que las personas puedan escribir a los pacientes hospitalizados a través de las cartas que envíen al correo teescriboporque@gmail.com.

 

Lucía Debesa es una de las impulsoras del proyecto en Chile.
Lucía Debesa es una de las impulsoras del proyecto en Chile.

El contenido de la carta puede incluir cualquier tema del que la persona que envía el mail quiera hablar, desde quién es, qué hace, cuáles son sus gustos, hasta cuáles son sus sueños y metas en la vida. La idea de base es que comience con la frase “¡Hola! ¿Cómo estás? Te escribo esta carta porque quiero acompañarte…

Estos escritos son entregados por los profesionales de la salud que se comprometieron con la causa. Si el paciente está consciente y en condiciones de leerla por sí solo, lo hace, si no, y aunque no se encuentre en un estado de completa conciencia, se la leen de todas formas.

Un “boom” de cartas les llegó en el fin de semana después del lanzamiento de la campaña y las hermanas Debesa trabajaron en su traspaso cerca de tres horas. El proceso consiste en pasar cada carta, que son por lo general de dos planas máximo, a un Word, donde ponen el encabezado con el Instagram y el hashtag en un formato establecido, para luego transformarlas a PDF en paquetes de 20 cartas, las que son finalmente impresas por el encargado de cada unidad del hospital.

El trabajo, a pesar de que ya cuentan con un formato preestablecido, les puede demorar varias horas, ya que no solo llegan correos con cartas, sino con consultas y ofrecimientos de voluntariado. Es así como este proyecto también ha llevado a Lucía a conocer personas que tenían ganas de ayudar en esta crisis, pero que no sabían cómo.

“Una mujer nos contactó para ayudarnos, ella tenía referencias de trabajadores de diversos centros hospitalarios, y fue quien nos consiguió la entrada al Hospital Sótero del Río. Ella ha sido un regalo del cielo”, comenta Lucía. El Sótero empezó a formar parte de la iniciativa desde el lunes 13 de abril.

El proyecto también cuenta con las medidas de respaldo necesarias para mantener la seguridad de las personas que escriben, quienes en su mayoría han firmado como anónimos o sólo con su nombre de pila, exceptuando a los que han decidido dejar su número de contacto. La información es manejada exclusivamente por las dos personas encargadas del correo y los que distribuyen las cartas en los hospitales, evitando así situaciones como las ocurridas en España, donde nacieron diversas cuentas falsas con el fin de robar datos personales.

Las primeras cartas entregadas fueron leídas por los profesionales de salud voluntarios, ya que llegaron a los pacientes de la Unidad de Tratamiento Intensivo y la Unidad de Cuidados Intensivos del San Borja, quienes estaban imposibilitados de tomarlas y leerlas por su cuenta.

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“Laura me contaba que los pacientes se alegraban muchísimo, al igual que los auxiliares y los enfermeros mientras imprimían las cartas, se sorprendían mucho”, comenta Lucía con respecto a las reacciones dentro del hospital. Ella igual se emociona mientras organiza cada una de las cartas en un archivo PDF.

Una foto de la cuenta de Instagram de “Te escribo porque”, que ya tiene más de 500 seguidores, muestra a siete profesionales con cartas en mano, seguida por la descripción en la que se enuncia que los primeros escritos ya fueron entregados. La mayoría sonríe a la persona detrás de la cámara, pero una de ellos dirige su mirada a su carta, lo que para Lucía refleja la importancia de la iniciativa.

“Este proyecto de las cartas significa para el personal de la salud mucha generosidad. Nuestro norte en enfermería es que los pacientes estén bien, así que, aunque leer las cartas a los pacientes signifique el sacrificio de un tiempo que pudo ser, por ejemplo, para almorzar, al final queda la sensación de sanar algo más que lo físico, que es lo espiritual”, comenta Laura por medio de un audio de WhatsApp un par de días después de la reunión. Debido a las extensas horas de trabajo en el hospital no pudo estar presente en ella, cosa común entre los que eligieron a la salud como su oficio.

La iniciativa ha recibido cerca de mil cartas, y está a la espera de que más hospitales y clínicas se sumen en el compromiso de llevar compañía a los pacientes, lo que significa un esfuerzo más de los profesionales de la salud.

Lucía, Laura, las voluntarias y voluntarios de “Te escribo porque” llevan a cabo una iniciativa que se enfoca en una realidad que suele ser ignorada pero que existe. Gracias a ellas y ellos renacen en miles de personas – pacientes, escritores y todo aquel involucrado en el proyecto- las ganas de seguir viviendo a pesar de la incertidumbre, el miedo, la pena y la soledad.

Julieta Garagay

Estudiante de Periodismo de la Universidad de Chile.